Dedicada a los docentes

Revista Digital de la Fundación Casa Editorial Bienaventuranzas, un proyecto de la Conferencia Episcopal de Bolivia.

miércoles, 17 de febrero de 2016

La pasión por la educación: Jaime Escalante



Recientemente se conoció que el servicio postal de Estados Unidos ha creado una estampilla de homenaje al educador de origen boliviano. Recordemos en este artículo cuáles eran las claves que tenía este docente cuya experiencia se hizo mundialmente conocida a través de la pantalla grande.



UNA VIDA DEDICADA A LA EDUCACIÓN


La vida de Jaime Escalante refleja la insistencia de un maestro de corazón. Nació en La Paz en 1930. Sus padres trabajaban de maestros en la capital boliviana. Su pasión por la enseñanza se forjó entre pañales y mamaderas. Durante 14 años trabajó de maestro en Bolivia hasta que en 1963 emigró a Estados Unidos.

Se dedicó a diversos trabajos mientras aprendía inglés. Pero algo dentro de él le encaminaba hacia su vocación por la docencia. Por las noches estudió nuevamente la carrera de magisterio para seguir su instinto docente. Entre 1974 y 1991 se desempeñó como profesor de cálculo y matemáticas en la escuela Garfield de Los Ángeles, una escuela ubicada en uno de los barrios más marginales de la ciudad.

La labor educativa del profesor Escalante en Estados Unidos ha sido reconocida con el premio “mejor maestro del año”, otorgado por el presidente Ronald Reagan. Su vida ha sido plasmada en un libro de Jay Mathews (Jaime Escalante: the best teacher in America) y narrada en las pantallas de cine a través de la película “Ganas de triunfar”. Ambos relatos reflejan en empeño y dedicación con que Jaime Escalante abordaba cada día. Enseñar era su pasión, su compromiso. Cuatro universidades lo reconocieron como Doctor Honoris Causa. Además, en 1988, el presidente de Bolivia, Víctor Paz Estensoro, le otorgó la medalla Cóndor de los Andes, uno de los mayores reconocimientos que ofrece el país.

Uno de sus logros más representativos se refiere a la prueba de Cálculo Avanzado que se requiere para ingresar a la Universidad. Tras varios años ofreciendo ayuda extra, en 1982, los 30 estudiantes de la Garfield School que se prepararon para ingresar a la universidad, lograron superar la prueba. La desconfianza de las autoridades educativas por el logro de un grupo de estudiantes proveniente de los barrios marginales, más envueltos en el mundo de las pandillas y las drogas que en el de los cuadernos, llevó a recusar la prueba y acusar de trampa a los estudiantes. La repetición de la prueba, ya con lo “desconfiados vigilantes” presentes, demostró el verdadero valor de la enseñanza con corazón. Todos los estudiantes lograron superar la prueba.

Durante su labor docente en Garfield logró que 570 estudiantes ingresarán a la universidad al superar la prueba de cálculo avanzado. Con el cambio de director, el apoyo que Escalante recibía se bloqueó. Poco a poco, la administración fue limitando su capacidad de acción. Incluso llegó a dudar de la validez de su método de enseñanza. Finalmente, en 1991 abandonó el colegio Garfield y decidió continuar su pasión educativa en otros centros de enseñanza.


En 2001 se trasladó a Cochabamba junto a su esposa. En la ciudad del Valle participó de manera regular en cátedras universitarias así como en talleres de capacitación docente. Debido a su enfermedad, retornó a Estados Unidos para ser tratado médicamente.

Tras su fallecimiento, en 2010, han continuado diversos reconocimientos. Este 2016, el servicio postal de Estados Unidos ha decidido reflejarlo en una estampilla como reconocimiento a su legado.


El ejemplo de Jaime Escalante ha dado la vuelta al mundo. Su vida ha sido retratada en un libro y presentada en el cine. Un modelo de pasión por la educación que ha calado en la sociedad estadounidense. Trabajó más de 20 años como docente en dicho país, y logró ser reconocido como “mejor maestro del año” por el presidente Reagan. ¿Qué método revolucionario implementó el profe Jaime?
“A los estudiantes les encantaba formar parte de los programas de Escalante”, recuerda Henry Gradillas, director del colegio Garfield (Los Ángeles). 


“En la escuela teníamos por norma forrar los libros de texto. Un día vi a unas 
chicas que no tenían sus libros de álgebra forrados con papel. Les pregunté
 por qué no los habían forrado. ‘¡Ay, Sr. Gradillas, queremos que todo el mundo
 sepa que estamos cursando álgebra!’, me respondieron, así que les 
compré plástico transparente para que forraran esos libros.”

Esta anécdota, una de las muchas que pueden significar el carisma educador, recorren los relatos que destacan la figura de Jaime Escalante.

Los logros obtenidos al frente del departamento de matemáticas de la escuela Garfield han sido mérito suficiente para que trascienda la figura de este profesor boliviano. Tenía una forma de ser dura y estricta, que se equilibraba con su vocación docente y la pasión que le vinculaba con cada uno de los estudiantes. A lo largo de su carrera, despertó simpatías y detractores, generó apasionamientos y celos entre sus colegas. No se puede negar el resultado de su sistema de trabajo.


La escuela Garfield se ubica en un barrio marginal de la zona este de Los Ángeles (Estados Unidos). El colegio reflejaba los problemas que se vivían en el entorno: desempleo, disputas raciales, pandillas, violencia y droga. No era el mejor contexto para ser profesor. Más allá de eso, la pasión y el empeño de Escalante le permitió transformar el espacio de estudio. Junto a un equipo docente con una inspiración similar y el respaldo del director del colegio, Henry Gradillas, se logró transformar el ambiento escolar.

Ángelo Villavicencio, quien compartió con Escalante varios años de docencia en el colegio Garfield, el profesor Jaime implementó un método de enseñanza que reflejaba su calor humano, su capacidad de comunicación y su intensidad frente a la vida. Villavicencio considera que era un método dedicado para las “personas que tienen ganas de triunfar”.

Para muchos de los que han estudiado y resumido la vida de Jaime Escalante, es un factor recurrente la concepción que plasma en sus enseñanzas. Para el profesor boliviano, el desarrollo de las competencias de cada estudiante no tiene límites. Si se quiere, se puede alcanzar las metas soñadas. De esta forma destruye el falso estereotipo que condenaba a los jóvenes de esta zona marginal considerando que no eran capaces de superarse. La gran mayoría de los estudiantes, contagiados por la visión de sus padres y, porque no, de algunos profesores, llegaban a la escuela con una autoestima dañada y una expectativa de crecimiento nula. Se habían autocondenado antes de pelear por sus sueños.


La mediocridad reinaba en el entorno escolar. Pocos estudiantes 
aspiraban a crecer profesionalmente a través de una carrera 
universitaria. Llegaban condenados a seguir en ese ambiente.

Jaime Escalante creía con firmeza que un buen nivel en matemáticas permitiría a los estudiantes acceder a un mejor trabajo y, por ende, desarrollar una carrera profesional exitosa. La puerta de ingreso a ese “mundo de las posibilidades” se visualizaba en la prueba de cálculo avanzado, requisito para ingresar a las universidades estadounidenses.

El método de educación que implementó estaba direccionado a superar ese examen y materializar el sueño de llegar a las universidades más prestigiosas. En resumen, pasar de un barrio marginal a una universidad de élite, todo gracias a la fe y la entrega en el trabajo propio.

El trabajo de Escalante fue lento pero constante. Los primeros años trató de acomodar el aula para que sea un espacio más agradable. La pinto con tonos más agradables, adornó sus paredes con posters de estrellas del deporte y otros referentes de éxito para los jóvenes.

Como si fuera un entrenador de fútbol, fue reclutando a los estudiantes para que formen parte del curso de matemáticas avanzadas. Alentaba a cada estudiante para que ingresase al curso. Les convencía de las posibilidades reales que tenían para ser mejores. La lección más importante que dio a sus estudiantes no estaba relacionada con el cálculo; fue demostrarles que lo que pensaban de ellos no era cierto. No eran estudiantes mediocres, eran los mejores estudiantes de Estados Unidos.


Su poder de convencimiento, su pasión por la enseñanza y si insólita manera de enseñar le permitió atraer a jóvenes ansiosos por alcanzar sus propias expectativas. Ese era el gran secreto del método de enseñanza propuesto por Escalante: tener ganas y esforzarse para alcanzar las más grandes expectativas. El reto consiste en transformar la confianza de los estudiantes para que desplieguen todo su potencial. Tal y como lo expresa Ángelo Villavicencio “el principal motivo del éxito en Garfield fue que los profesores, supervisores y administradores creyeran en el potencial de los estudiantes”.

El entusiasmo proyectado permitió que se aumente la carga horaria. También se concretó un nivel disciplinario y compromiso personal de cada estudiante. Todos aportaban para un mejor entorno de aprendizaje. Los resultados se fueron dando paulatinamente. En menos de 5 años, los estudiantes de Garfield que vencieron la prueba de cálculo avanzado se duplicaron. Estos datos llamaron la atención de los estudiosos de la pedagogía y centraron sus miradas en el olvidado colegio de un barrio marginal.

Wayne Bishop, asesor del proceso de admisión de la Universidad Estatal de California, Los Ángeles, destaca el cambio que se percibe en los estudiantes. ”Habían perfeccionado sus técnicas de estudio, lo que le permitió tener éxito a muchísimos de ellos”, reconoce.

Así se resume en el lema que ilumina la Escuela Secundaria Garfield: “una mente lúcida, un corazón sincero y un brazo fuerte”. Y, ante todo, tener las ganas de hacer las cosas bien.


PELIGROS DE LA EDUCACIÓN MODERNA

Con la aparición de la película “Ganas de triunfar” han sido muchos los profesores que han tratado de incorporar el sistema de Jaime Escalante. También se han incorporado nuevas propuestas pedagógicas que ayudan a mejorar la educación. Pero no todas alcanzan los éxitos deseados. Es más, resulta frecuente que fracasen estos intentos.

Algunos indicios de los sistemas educativos actuales permiten intuir un fracaso en cualquier renovación educativa:

-       Creencia profunda de que las personas de clase baja no están preparados para el éxito. La actitud demasiado paternal de profesores y administradores educativos permite comportamientos mediocres que no reclaman la exigencia del estudiante. Así, consideran, no se daña la frágil autoestima del estudiante.

-       Sentido equivocado de la autoridad. Un buen proceso de aprendizaje requiere de un espacio que aliente el esfuerzo. La actitud de padres de familia, respaldada con normativas legales, restringe sobremanera las herramientas para mantener el orden en el aula.

-       Primacía de la burocracia. La educación moderna se rige por indicadores de calidad. Las autoridades políticas y educativas han encumbrado estos indicadores por encima de cualquier otra gestión educativa. Lo humano queda postergado en virtud de la burocracia.

-       La inversión financiera resuelve las falencias. La grandeza de Jaime Escalante consistió en hacer las cosas bien para que la inversión se fije en su propuesta. Actualmente se trabaja en sentido contrario. Primero se dispone el dinero y luego se buscan las ideas. De esta manera es fácil desviar dinero destinado a la educación para otros fines.

“No necesitamos inventar nuevas reglas”, resume Henry Gradillas. 
De hecho, la historia muestra que las reglas de antes funcionaban muy 
bien. La historia también refleja que aunque se aprenda del pasado, 
no se puede depender de él. Lo primero que se requiere, a medida que se produce el avance, es no olvidar los principios fundamentales del éxito, 
los cuales son el origen de todos los objetivos y planificaciones.




Fuente: Redacción "Diálogo Educativo"
Una producción de la Casa Editorial Bienaventuranzas


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