Dedicada a los docentes

Revista Digital de la Fundación Casa Editorial Bienaventuranzas, un proyecto de la Conferencia Episcopal de Bolivia.

jueves, 29 de octubre de 2015

Una escuela de Samaipata revoluciona la manera de enseñar



Samaipata propone un modelo de educación alternativo. Un grupo de padres ha consolidado un proyecto formativo novedoso. Los niños, el entorno y la relación entre ellos forjan una estructura educativa innovadora.


Todo empezó en 2012. Un grupo de padres de familia buscaba actividades para complementar el tiempo libre que la escuela dejaba a sus hijos. Más allá del tradicional fútbol o de las clases de inglés o computación, perseguían una formación diferente que conectara a sus hijos con el entorno natural donde vivían.

Samaipata es un enclave intercultural singular. Históricamente se ha convertido en un punto de encuentro entre oriente y occidente. Su fuerte precolonial da muestras de la riqueza cultural histórica que posee. En los  tiempos actuales, ha acogido a una multitud de extranjeros que han hecho de Samaipata su residencia.

La suma de todas estas influencias alentó a un grupo de padres a promover talleres de formación que orientarán a sus hijos a una forma de vida armónica con el entorno natural donde viven. Así nació LiverArte, una propuesta de talleres en musicoterapia, cerámica, arte, etc. La iniciativa fue tomando cuerpo y consolidándose como una alternativa para otros padres de familia. Así, a fines de 2012, consideran que esta forma de educación enmarcada en el entorno de vida se podía convertir en una comunidad educativa establecida.


La asociación educativa “Flor de Montaña” se inaugura el 18 de febrero de 2013 como un centro educativo establecido. Su directora, la profesora Neda, elogia la actitud de los padres de familia. “No nos bastaba con criticar – recuerda-, sentíamos que debíamos movernos y hacer algo”. La disconformidad con el sistema educativo vigente ha alentado a la creación de un  nuevo modelo escolar. Todavía no cuenta con la aprobación plena por parte de las autoridades educativas nacionales, aunque los trámites están avanzados y esperan que pronto se logre el reconocimiento pleno.

“Flor de Montaña” se proyecta como una iniciativa de formación educativa para la vida. Las bases pedagógicas que sustentan la propuesta educativa recogen tres pilares experimentales comprobados: la pedagogía Waldorf, el pensamiento de Krishnamurti y los postulados de la “pedagogía 3000”. En conjunto, pretenden una mejor educación en coherencia con sus creencias, su visión del mundo y de la vida.
Los documentos constitutivos de Flor de Montaña describen el objetivo como un “despertar las facultades latentes del educando y del educador, con el propósito de aportar al crecimiento de seres autónomos y libres, seres vigorosos e inquietos, ansiosos por desarrollar su potencial en las diversas áreas, apasionados por aprender y conocer, felices e inspirados en el amor, portadores de valores morales inquebrantables, capaces de enfrentar la vida desde el respeto a sí mismos y a su entorno”.

Apenas un 2% de los estudiantes de Samaipata acceden a la universidad. La falta de esperanza por superar o alcanzar la meta universitaria desalienta a los estudiantes para participar de modo activo en su formación. Flor de Montaña ofrece nuevos contenidos útiles para la vida en la comunidad. Actualmente, la escuela alberga a estudiantes de los tres grados de formación: inicial, primaria y secundaria.
La educación que se trabaja en Flor de Montaña se sustenta en fuertes lazos humanos de confianza. La formación más académica se centra en tres pilares fundamentales: lenguaje, matemáticas y ciencias de la vida. Con este sustento, se satisface los requerimientos que la educación formal (establecida por el sistema educativo) dispone. Junto a estos aprendizajes, Flor de Montaña alienta las enseñanzas en otras áreas de la vida, relacionadas directamente con el entorno natural y social de Samaipata. Las aulas se complementan con clases como artes, actividades curativas, agroecología y otros contenidos tecnicoproductivas. Incluso, es frecuente disponer el tiempo de aula para compartir contenidos de Feng Shui, Tai Chi o ajedrez.


La singularidad de Flor de Montaña también se extiende a su sistema de calificación. Por un lado, deben mantener el sistema de calificación propuesto por las autoridades educativas, y adecuarse a las normas establecidas. Por otro lado, el profesor envía una carta personalizada a cada estudiante, en la cual reflexiona sobre el desempeño del estudiante y comparte las experiencias vividas en la gestión. Una evaluación a partir del crecimiento personal. El docente se convierte en un acompañante para los estudiantes.

La consolidación de Flor de Montaña requiere un proceso de adaptación. Para la directora del colegio, Neda, ha sido importante transitar por una fase de desestructuración y desaprendizaje; liberarse de las pautas establecidas por la educación tradicional para provocar nuevas formas de aprendizaje.

En la actualidad, la sostenibilidad del proyecto es la mayor amenaza que afronta la escuela. El proyecto se financia gracias a algunas donaciones que reciben y al aporte mensual que realizan las familias. Cada familia realiza un aporte de 330 bolivianos que ayudan a mantener las actividades escolares.

La expectativa que poseen los directivos del colegio consideran que la autosostenibilidad del centro se equilibraría con unos 200 a 300 estudiantes. Incluso, sueñan con un centro o albergue que permita a los estudiantes de las zonas más alejadas gozar de un espacio para alojarse.


El concepto de solidaridad con la comunidad también se plasma en el sistema de becas que ofrece. La profesora de educación física Nora Ibahimpasic, defiende la igualdad de acceso a la educación. Fruto de este planteamiento, disponen de un 40% de estudiantes becarios, y aspiran a incrementar este porcentaje al menos un 10% más.


UN PASEO POR LA ESCUELA

Flor de Montaña llama la atención por su infraestructura diferente. Una parte importante del equipamiento se ha obtenido a partir de los talleres de reciclaje. Sentirse en armonía con el entorno supone, también, construir el entorno.

El profesor catalán Eduard Comas, ha realizado un viaje por el conteniente para compartir experiencias educativas. Su paso por Flor de Montaña está relatado en un blog personal. Entre los aspectos más llamativos de su relato seleccionamos algunos pasajes.

Los lunes, a primera hora, se empieza siempre con una armonización: es decir, una actividad conjunta en la que todos –alumnos, profesores y, a veces, algunos padres- se toman de la mano alrededor del árbol más alto y donde alguien agradece o comparte sus deseos para los días que vienen, dando espacio a cualquier otra persona que se quiera pronunciar. Suele acompañarse, también, de un pequeño baile o canción”.

“Los viernes, en cambio, se concluyen las clases con la asamblea, dónde l@s niñ@s toman la iniciativa para hablar y tomar conclusiones sobre aspectos de la vida comunitaria que no están funcionando o que podrían mejorar. El control o la moderación de la reunión corresponde a uno de los cuatro grupos-clase”

Destaca otras actividades que alientan la solidaridad entre compañeros:
“Cada miércoles durante el tiempo de recreo tiene lugar el apthapi (compartir en quechua), donde cada niñ@ lleva alguna fruta o alimento natural/artesanal en cantidad suficiente para después ponerlo todo en común y comer juntos. Vinculado a este hecho está el trabajo bien logrado de inculcar hábitos para una alimentación sana, responsable. Sea el día que sea, está prohibido llevar como desayuno productos envasados o que contengan cualquier tipo de aditivo artificial”.

Finalmente, refleja el compromiso de los padres de familia en la construcción del colegio. “Un sábado o domingo al mes se organiza una minga de la cual participan los padres y madres de Flor de Montaña, aunque también asisten personas ajenas a la comunidad educativa, voluntarios de otros proyectos samaipateños, turistas… Durante los días previos, se elabora una lista de tareas que luego se ordenan según prioridad: básicamente cosas a arreglar y materiales a crear para un correcto desarrollo de la actividad pedagógica y diaria de la escuelita. Pude comprobar el compromiso de todos y el agradable ambiente de trabajo que se genera”.

La directora del proyecto Flor de Montaña resume esta experiencia desde el valor espiritual que otorgan a la enseñanza. “No hay comunidad que se sostenga en el tiempo sin un fundamento espiritual”, sentencia.



Fuente: Redacción "Diálogo Educativo"



1 comentario:

  1. Hay varios colegios en zapopan que lamentablemente sufren de carencias y ojalá pudieran tener una iniciativa similar.

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