Dedicada a los docentes

Revista Digital de la Fundación Casa Editorial Bienaventuranzas, un proyecto de la Conferencia Episcopal de Bolivia.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Evite que los exámenes se vuelvan una tortura en la escuela



El simple hecho de escuchar la palabra examen provoca temor y ansiedad en los estudiantes. La evaluación del rendimiento académico de cada estudiante resulta fundamental en el proceso educativo. Las formas que dispone el docente para registrar el avance obtenido son diversas. 

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Cada año, al finalizar el curso escolar, los nervios y las prisas inundan a los estudiantes. Llega la época de los exámenes finales, ese momento donde se sienten al filo del abismo. Los exámenes representan la barrera final, la frontera entre el éxito y el fracaso.

La evaluación centrada en el examen memorístico se ha convertido en la práctica más extendida en los centros educativos. La pedagoga Mercedes Orozco, de la universidad de Guayaquil, destaca la relevancia histórica de las pruebas memorísticas o respuestas tipo test en los procesos de evaluación. En su opinión, esta reincidencia encuentra su justificativo en la facilidad que plantean para su corrección. La ejecución de evaluaciones cuya corrección resulte inmediata aligera la labor docente. Orozco también destaca el abuso de la evaluación como mecanismo para controlar y limitar el comportamiento en el aula.

La generalización de estos comportamientos provoca una reacción negativa ante las evaluaciones. Los estudiantes comparan los exámenes con filtros de medición cuyo resultado se concentrará en un número. Un número que sintetizará todo un año de trabajo.

La pedagoga ecuatoriana lamenta que aspectos como la consolidación de un punto de vista personal y crítico o la adquisición del saber y el conocimiento tengan una consideración reducida en los procesos de evaluación. Considera que el sistema más extendido de evaluación se centraliza en los resultados antes que fortalecer los procesos.

La evaluación es una parte fundamental en la escuela. Supone un seguimiento sistemático al aprendizaje obtenido. Sin embargo, como expresa la educadora argentina Lilia Toranzos, la evaluación no se limita a realizar exámenes y pruebas calificables. En opinión de Toranzos, “toda evaluación es un proceso que genera información”, con la cual, el docente, replanteará las dinámicas pedagógicas dentro del aula.

La palabra evaluar tiene sus raíces en el vocablo latino valere cuyo significado se asemeja a valorar o asignar valor. En el contexto escolar, evaluar evoca un proceso permanente y continuado para valorar los conocimientos, aptitudes y rendimientos obtenidos en la clase. Manuel Fermín expone un concepto más académico de la evaluación: “es un proceso sistemático, continuo e integral destinado a determinar hasta qué punto fueron logrados los objetivos educativos previamente determinados”.


Esta definición sintetiza los principios básicos de toda evaluación:

-       Integridad.- toma en cuenta todos los aspectos del crecimiento personal, desde lo cognitivo hasta lo afectivo. Las corrientes de educación colaborativa enfatizan enormemente los factores de interrelación y sociabilidad en las prácticas educativas.

-       Continuidad.- la evaluación  trata de describir el conocimiento adquirido. Por ello, los sistemas de medición deben ser permanentes, e identificar los avances de manera continuada. El profesor que dispone un criterio de evaluación constante obtendrá información ágil para alternar las dinámicas de enseñanza.

-       Complementariedad.- el docente dispone de múltiples herramientas que ayudan a evidenciar los conocimientos adquiridos durante el proceso de aprendizaje. Cada etapa de aprendizaje contempla unas herramientas ideales para recabar la información necesaria. Tanto al inicio del tema, como durante el desempeño del mismo, el docente acompaña el afianzamiento del saber mediante diversas pruebas que permiten conocer el cumplimiento de objetivos.

-       Consecución de objetivos.- ¿Qué debe evaluar el docente? Esta pregunta ronda constantemente los procesos de enseñanza. La correcta planificación del docente determinará tanto las unidades temáticas que debe desarrollar como los objetivos de aprendizaje necesarios para dominar el tema dispuesto. Estas definiciones deben establecerse antes de cada unidad temática y, además, debe comunicársela con claridad a los estudiantes. Tanto profesor como estudiantes conocen en camino que deben recorrer, las metas que deben alcanzar y los indicadores de superación que evaluarán el avance del tema.

-       Coherencia.- El docente presenta dinámicas de evaluación que sean coherentes con su sistema de enseñanza. Es frecuente encontrar profesores que profundizan en las dinámicas grupales de trabajo y aprendizaje pero que aplican sistemas de evaluación ajenos a la actividad desempeñada en el aula. Cada tema dispondrá de su propio sistema de evaluación, de acuerdo a las dinámicas aplicadas por el docente. Cuando este coherencia es lograda, el estudiante sentirá el proceso de evaluación como parte del tema, como una dinámica de afianzamiento del aprendizaje.

-       Objetividad.- las diversas pruebas que utiliza el docente para constatar el avance alcanzado requieren un grado importante de objetividad y transparencia para aplicarlas. El estudiante debe identificar con claridad las pautas de evaluación. La posibilidad de contrastar las respuestas de manera abierta ayudará a fortalecer la confianza en el docente y a superar los miedos que estas pruebas de valoración académica plantean.

-       Individualidad.- un buen evaluador considerará las potencialidades reales de los estudiantes de manera individual. Las políticas educativas diseñan objetivos y metas “de obligado cumplimiento” para la generalidad de los estudiantes. Más allá de esta base, cada docente tiene la responsabilidad de conocer las particularidades de los estudiantes y exigirles en virtud del ritmo de aprendizaje de cada uno de ellos. La flexibilidad en la exigencia permitirá a cada estudiante descubrir su propio mecanismo de aprendizaje.

Mercedes Orozco incorpora una particularidad nueva a la evaluación. Considera que la evaluación debe ser asistida. El apoyo del docente durante las etapas de evaluación permitirá a los estudiantes identificar sus errores y corregir los mismos. Esta concepción que proyecta Orozco refuerza la idea de la evaluación como parte del proceso de aprendizaje, es decir, una herramienta más para alcanzar los objetivos trazados al inicio de cada unidad temática.


UN PROCESO, DIVERSAS  DIMENSIONES

En muchas oportunidades se dibuja la evaluación como un duelo entre profesor y estudiante. Entre bromas, se argumenta que el examen sirve al docente para desquitarse de los malos momentos sufridos en el aula.

Por encima de estos estereotipos, la evaluación involucra a estudiantes y docentes en un mismo proceso.

La autoevaluación.- el estudiante asume el proceso de aprendizaje con una perspectiva crítica. Como protagonista del aprendizaje, debe identificar los objetivos alcanzados y aquellos en los que encontró dificultades para alcanzarlos. La lectura que cada estudiante proponga de su propio proceso será el indicador más objetivo del aprendizaje obtenido.

La coevaluación.- la percepción de los compañeros sobre el crecimiento académico obtenido por el estudiante es un indicador significativo. Tanto en los trabajos en grupo, como en las pruebas individuales, el criterio planteado por los compañeros permite dimensionar el alcance obtenido. La coevaluación también puede involucrar aspectos propios de la enseñanza, retroalimentando al docente con sugerencias para fortalecer las dinámicas de aula.

La heteroevaluación.-  la más conocida y aplicada de todas. El docente dispone una prueba, oral o escrita, para recabar información sobre los aprendizajes obtenidos por los estudiantes. La manifestación más extendida es el examen. Otras dinámicas interesantes de evaluación externa o heteroevaluación se basan en ejercicios que fomenten la plasmación del conocimiento en circunstancias de trabajo, ejercicios que permiten al estudiante desarrollar un criterio propio de solución.





TIPOS DE EVALUACIÓN

Considerar la evaluación como un proceso continuo y permanente en el aula implica proponer diversas formas de evaluación diferentes. En cada etapa del proceso, el docente buscará una información distinta que le permita enriquecer las metodologías de enseñanza. Para cada una de estas etapas, dispone de herramientas diferentes.

Evaluación diagnóstica.- su función se centra en detectar el conocimiento previo que los estudiantes poseen. Antes de iniciar el tema, el docente tiene que identificar el punto de partida. La evaluación diagnóstica revela esta información. A partir de ella, el docente ajusta el tema para acercarse a las experiencias de los estudiantes. La sintonía que se logra favorece la motivación del estudiante.

Evaluación formativa.- se implementa durante el desarrollo del tema. Permite obtener información sobre el aprovechamiento académico y la efectividad de la enseñanza. El docente recurrirá a este tipo de evaluaciones para reorientar las actividades y validar el cumplimiento de objetivos.

Evaluación sumativa o acumulativa.- al concluir cada tema, se considera pertinente una evaluación de cierre. En esta prueba el estudiante debe mostrar un dominio de todo el avance acumulado. Estas pruebas determinan el alcance del objetivo trazado al inicio del ciclo. El resultado obtenido permite validar el logro del objetivo y, a su vez, la efectividad del aprendizaje.
Si el docente detecta que alguno de los objetivos marcados no ha sido cubierto, se encontrará en la necesidad de reforzar dicho aprendizaje para alcanzar el éxito planteado.



 Fuente: Redacción "Diálogo Educativo"


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