Dedicada a los docentes

Revista Digital de la Fundación Casa Editorial Bienaventuranzas, un proyecto de la Conferencia Episcopal de Bolivia.

martes, 19 de mayo de 2015

Cómo desarrollar verdaderos emprendedores desde el aula



El perfil de emprendedor se ha consolidado como una de las competencias más buscadas por la sociedad moderna. Se identifica como emprendedor a la persona capaz de innovar y gestar proyectos de desarrollo, promover negocios propios y gozar de iniciativa para impulsar nuevas oportunidades de vida. Sintetiza las cualidades de líder desde una perspectiva propositiva y productiva.

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“Desarrollar capacidades y habilidades emprendedoras -  considera Francisco Barredo, Director del Centro Europeo de Empresas e Innovación en España – es una forma de caminar hacia una sociedad más competitiva, con más talento y con mayores posibilidades en un entorno cada vez más globalizado”. El contexto empresarial ha requerido, durante mucho tiempo, perfiles profesionales para cubrir necesidades laborales específicas. Con el tiempo, se han dado cuenta que este sistema de enseñanza técnica abandonó la implementación de competencias profesionales. Ahora, desde el sector productivo, se busca la formación de emprendedores que promuevan dinámicas innovadoras para afrontar las situaciones de crisis y recesión que viven muchos países.

Las empresas apelan a los centros educativos para que implementen programas de estudios que fortalezcan estas actitudes. Tanto las universidades como las escuelas gozan del marco ideal para promover estas actitudes de emprendimiento en los estudiantes y, así, aportar a una formación profesional acorde con las necesidades sociales actuales.

Este reto lanzado por los empresarios ha sido recogido por diversos centros educativos y universidades para plantear dinámicas reales de fortalecimiento del espíritu emprendedor. Un proyecto elaborado en la Universidad de La Rioja, España, propone la importancia de Aprender a emprender. El director de la propuesta, José Eduardo Rodríguez, considera que “se puede enseñar a emprender, y como el deporte, la música y otras disciplinas, conviene hacerlo desde la temprana edad”. Su postura es compartida por muchos educadores quienes afirman que el emprendedor no sólo nace, también se hace.

La actitud de emprendimiento se perfila como un aprendizaje útil para los contextos económicos y sociales en los que se desenvuelve el estudiante. Por ello, los diseños académicos deben integrar el valor de emprender como una trasversal más en la educación. El espíritu innovador debe cultivarse mediante actividades que impulsen competencias de emprendimiento.

Un profesor emprendedor se caracteriza por salir de su zona de comodidad, dejar de lado las seguridades que ofrecen los procesos tradicionales. Emprender desde el aula reclama una renovación de las formas de enseñanza para alentar a los estudiantes a afrontar retos que lo involucren más allá del aula. Rodríguez recalca que “educar desde la óptica del emprendimiento supone pensar en nuevos sujetos de aprendizaje, y nuevas formas de vinculación con el conocimiento”. En definitiva, un llamado para transformar los paradigmas de comodidad establecidos.

Emprender desde el aula sugiere crear nuevos contextos educativos. El diseño de actividades alienta actitudes como un sano inconformismo, la asunción de retos o el trabajo en equipo. El aprendizaje profesional se complementa con la formación humana. Saber afrontar los éxitos y aprovechar el aprendizaje de los fracasos como máxima de valoración.

El Centro Europeo de Empresas e Innovación de Castilla La Mancha ha impulsado una progresión de etapas para capacitar el espíritu de emprendimiento. La sucesión de las etapas estimula aptitudes emprendedoras como alternativa válida a su futuro desarrollo profesional.

De acuerdo a este proyecto, la primera etapa consiste en romper los moldes y alentar a la actitud emprendedora. El fortalecimiento del espíritu emprendedor parte de la superación de los miedos a lo nuevo. Se recomienda que esta etapa sea implementada en las etapas iniciales de la formación.

La segunda etapa acoge la iniciativa emprendedora. La propuesta declara  como “finalidad básica de desarrollar el espíritu emprendedor del alumnado, así como relacionar a éste con la realidad de su entorno socioeconómico y productivo”. Supone la apertura a espacios de interacción externos al aula.


El siguiente paso consolida el equipo emprendedor al “afianzar el espíritu emprendedor con actitudes de creatividad, flexibilidad, iniciativa, trabajo en equipo, confianza en uno mismo y sentido crítico”. El emprendedor asume rasgos de líder grupal y consolida el trabajo en equipo como la muestra palpable del entorno socio laboral que les espera.

La cuarta y última etapa integra la formación profesional y universitaria. En estas etapas, la comunidad educativa participa en la elaboración y posterior gestión de un proyecto empresarial vinculado directamente al proceso de formación que se desarrolla.

El espíritu emprendedor desarrolla, desde los contextos escolares, experiencias que vinculan a entornos profesionales. La educación asume un enfoque de utilidad para generar el sentido de ser empresario que se quiere imprimir al estudiante. La actitud de innovar es consustancial al ser humano.


ESCUELA DE EMPRENDEDORES

América Latina ha impulsado numerosos ejemplos de escuelas de formación vinculadas al entorno profesional. Las escuelas rurales han acogido centros técnicos de enseñanza para capacitar a los estudiantes en las competencias profesionales que les permitan desempeñarse en el mercado laboral.

Un ejemplo de educación integral ha sido recientemente reconocido en Uruguay. El presidente José Mújica alabó la labor que desempeña la Estancia Santa Ana en la diócesis de Melo y Treinta y Tres. Además de reconocerlo como un centro educativo modelo para el país, el mandatario uruguayo destacó la conservación de los valores que este proyecto educativo alienta. “A pocas cuadras de los liceos y las escuelas en las ciudades, hay alumnos que faltan y profesores que no van a trabajar. En campaña (refiriéndose al área rural) no ocurre eso… y eso es cultura” señaló el presidente.

La Iglesia Católica de Uruguay recibió en 2010 la estancia Santa Ana como una herencia. En acuerdo con las autoridades locales y varios padres de familia de la zona, orientaron la estancia como un centro educativo para los jóvenes de la zona. “Había chicos que no querían saber de estudiar y aquí han encontrado un lugar. Además, tienen muy buenas calificaciones", destaca el padre Freddy, vicario pastoral de la Diócesis.

En la actualidad, el centro acoge a 40 estudiantes. En colaboración con la Universidad del trabajo de Uruguay, se propuso un ciclo básico de formación agraria que dotase a los estudiantes de los conocimientos necesarios para poder emprender sus propios proyectos agrícolas. Gracias a esta iniciativa, se logró detener la migración de jóvenes a los centros urbanos, despoblando de juventud el departamento de treinta y Tres. Con cierto humor, Pepe Mújica ironizaba “si no capacitamos a los jóvenes rurales, en la campaña no queda ni un loro”.

La estancia Santa Ana ha ampliado sus actividades con cursos de gastronomía para los adultos. Con estas iniciativas se convierte en un motor del desarrollo de la región, promoviendo alternativas de negocios innovadoras entre la población.


Fuente: Redacción "Diálogo Educativo"
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