Dedicada a los docentes

Revista Digital de la Fundación Casa Editorial Bienaventuranzas, un proyecto de la Conferencia Episcopal de Bolivia.
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lunes, 25 de enero de 2016

Jordi Adell: “Las TIC no hacen bueno o malo a un docente”





Es docente, conferenciante, especialista en TIC. Reconoce que de pequeño aprendió a leer gracias a los tebeos Pumby. Cree que estamos amargando la vida de los niños echando del sistema a los que no siguen las clases con normalidad y reivindica el valor pedagógico del error. Actualmente es docente, especializado en nuevas tecnologías aplicadas a la educación, y dirige el Centre d’Educació i Noves Tecnologies de la Universitat Jaume I de Castellón


Antes que nada, ¿qué entendemos por tecnología educativa?
La tecnología educativa es una rama de las ciencias de la educación, de la pedagogía, que trata el uso de los dispositivos tecnológicos, en su sentido más amplio.

¿Cómo podemos mejorar la calidad de la enseñanza mediante el uso de las nuevas tecnologías?
Poniéndolas al servicio de la buena pedagogía. He aprendido que las nuevas tecnologías no hacen bueno o malo a un profesor, ya que éstas, por sí mismas, prácticamente no sirven para nada en las escuelas.


¿Cuál es la mejor forma de integrar las nuevas tecnologías en el aula?
La mejor forma de integrarlas es que los profesores se auto formen y que entiendan cómo funcionan y qué pueden cambiar con ellas. Lo esencial es que estén convencidos del enriquecimiento que les pueden aportar. Si un profesor considera que lo que está haciendo ya es perfecto y que el currículum que tenemos es suficiente para preparar a los niños y a las niñas para esta sociedad, lo normal es que no esté motivado para introducir nuevos elementos para el aprendizaje.

Se conformará…
Aún así, cada vez hay más profesores convencidos de que el sistema educativo actual no responde con suficiente rapidez a las demandas del entorno social y están empezando a incorporar la tecnología en sus aulas.


¿Qué implica esta incorporación?
Otra manera de conocer, de relacionarse con los temas, de plantear el aprendizaje en el aula, más abierta y más colaborativa. Se deben derribar los muros de la escuela, no concibiendo los centros docentes como islas sino como nodos. Este es un cambio muy importante de mentalidad que, aunque un creciente número de maestros ya ha hecho, hay muchos otros que todavía no, como tampoco lo ha hecho la administración.

¿Por qué cree que la administración no ha hecho este cambio de mentalidad?
Tenemos una administración educativa que añora el pasado, ya que con las nuevas leyes intentan volver a las materias básicas, al currículum lleno de contenidos y siguen pensando que una persona educada es una persona que posee mucho conocimiento.

¿Qué debemos entender por una persona educada?
En la sociedad de la información, una persona educada es aquella capaz de seguir aprendiendo cuando necesita adquirir conocimientos y que lo sigue haciendo no sólo a lo largo de su vida sino también a lo ancho. Es decir, la educación ya no sólo tiene lugar en las instituciones educativas sino que cada vez hay más sitios desde los cuales es posible acceder al conocimiento y a procesos de formación.


¿Qué debería hacer la administración en este sentido?
Repensar la escuela globalmente, replantear el currículum de arriba abajo y reflexionar sobre los fines de la educación.

¿Cómo le gustaría que fuese el currículum educativo?
Debería ser más corto, sin tantos contenidos. Me gustaría que cuando los niños y niñas acabaran la educación obligatoria no odiaran leer por culpa de haberles embutido la  literatura y forzado a leer libros que no les motivan.

Interesante…
Habría que reflexionar sobre si la metodología que utilizamos es la correcta, si la pedagogía del esfuerzo no habría que dejarla de lado y pensar en maneras alternativas de hacer las cosas. Y, por último, deberíamos mejorar considerablemente la formación inicial del profesorado.


¿En qué sentido se debería mejorar su formación?
Debemos tener en cuenta que un profesor no debe ser alguien que sabe únicamente de una asignatura, sino que debe conocer la materia, amarla y ser capaz de transmitir ese disfrute. El buen maestro es el que sabe enseñar y ayuda a aprender a los alumnos.

¿Pueden las tecnologías ayudarles a enseñar?
Yo creo que sí, ya que les permiten abrir sus horizontes. Sin éstas los docentes están muy limitados a su centro educativo, a su aula y a su libro de texto. Además, con ellas, encuentran profesores que tienen sus mismos problemas. Una comunidad de práctica, en la que pueden compartir experiencias, preguntar dudas, aprender buenas prácticas…

Y a los alumnos ¿qué ventajas les aportan?
Con el adecuado conjunto de competencias, estas tecnologías les permiten aprender lo que quieran. Pueden conseguir sus propios objetivos, pueden ver visiones contrapuestas a las que les da el sistema educativo, ampliar lo que les dicen sus maestros, alfabetizarse en la lectura y en la escritura de múltiples formatos…

Por tanto, otorga una gran trascendencia a herramientas como Tiching.
Este tipo de plataformas cumplen una función fantástica que es la de favorecer el desarrollo profesional de los docentes. En un mundo en el que podemos acceder a tanta información, la clasificación que ofrece este tipo de herramientas ayuda a no perder el tiempo para encontrar los contenidos más adecuados.  También permiten a los docentes trabajar en equipo y no estar aislados.


Como han estado siempre…
Los docentes, a diferencia de otros colectivos profesionales, no acostumbran a contar y compartir el trabajo que realizan. El profesor desarrolla una tarea muy relevante, pero a menudo no le otorga la importancia que se merece y no se atreve a divulgarlo más allá del aula. Cambiar esta mentalidad costará mucho, pero precisamente por este motivo, es importante que los profesores empiecen a adquirir estas prácticas desde la universidad.


Fuente: Redacción "Diálogo Educativo"
Una producción de la Casa Editorial Bienaventuranzas




jueves, 21 de enero de 2016

Reflexiones acerca de cómo evaluamos a los escolares




Llega fin de año y, ansiosos, esperamos la libreta escolar. Unos números sintetizan el esfuerzo y trabajo de un año. Unos números separan el logro del fracaso.


Como padres, deseamos ver a nuestros hijos con las calificaciones más altas. Consideramos que las notas más sobresalientes corresponden a los estudiantes más inteligentes. Paralelamente, las notas más bajas se han convertido en sinónimo de torpeza y falta de capacidad.

¿Es posible resumir el trabajo, esfuerzo y aprendizaje de un año escolar en una calificación final? ¿El crecimiento humano y académico de un estudiante se puede valorar con una cifra? Son preguntas que refuerzan su inquietud a la conclusión de cada gestión escolar.


El profesor de la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos), Robert Swartz, reflexiona sobre el sistema de calificación y evaluación que se utiliza de manera común en los centros escolares. Desde su perspectiva, percibe un interés general en crear indicadores sencillos para validar la calidad de la educación. Los organismos tradicionales, nacionales e internacionales, que trabajan en pro de la educación, centran sus esfuerzos en mejorar estos resultados básicos. En la medida que mejoran los indicadores logran aumentar sus presupuestos de ejecución y obtener medallas de reconocimiento.


Las investigaciones realizadas por Swartz le permiten afirmar que las evaluaciones escolares están direccionadas para probar puntualmente la memoria del estudiante. Los docentes, insiste, “preparan a los estudiantes para las pruebas”.

El sistema educativo generalizado ha implementado el método de la repetición para garantizar resultados positivos. Las metodologías de trabajo repiten una y otra vez los conocimientos aprendidos para obtener niveles satisfactorios a fin de año. Este sistema valora el resultado antes que el rendimiento.


El Centro Nacional para la Enseñanza del Pensamiento (NCTT, siglas en inglés) avala los estudios de Robert Swartz. A raíz de los resultados obtenidos, proyectan nuevas formas de calificación escolar que valore efectivamente las “capacidades, habilidades y conocimientos” de los estudiantes, es decir, pruebas que se centren en el crecimiento de la persona.

Proponen una renovación del modelo educativo en favor de las generaciones futuras. “Hay que tomarse seriamente la manera en que se educa” expresa Swartz y superar la tradición examinadora que impera. La enseñanza orientada por las pruebas “de memorización” provocan un aprendizaje aburrido.


El docente se debe transformar en un “guía de aprendizaje” para “abrir la mente” de los estudiantes. El nuevo docente se transforma en un compañero de viaje que alienta la “capacidad creativa y crítica” de cada estudiante, capacidades que debe descubrirlas y desarrollarlas por su propio impulso motivador.

El contexto actual en el cual se desarrolla la educación alienta esta “verdadera revolución”, tal y como lo expresa Swartz. La entrada de las tecnologías de información y comunicación en los espacios educativos permite nuevas ventanas al conocimiento. Los estudiantes tienen la oportunidad de acceder fácilmente a una infinidad de preguntas y respuestas que iluminan el aprendizaje.


Los docentes ayudan el descubrimiento que cada estudiante activa. Orientan sus búsquedas para despertar la inquietud y el valor crítico que les facilite la selección de contenidos. “No se trata de censurar” el uso de las nuevas tecnologías, sino de orientar sensatamente para que el estudiante conozca los riesgos y pueda utilizarlas “como herramientas útiles” para el conocimiento, sentencia Swartz.



Fuente: Redacción "Diálogo Educativo"
Una producción de la Casa Editorial Bienaventuranzas









martes, 19 de enero de 2016

La actividad física, el arma secreta del aprendizaje en los niños



Los niños que realizan actividad física de forma continua rinden mejor en la escuela. El ejercicio despierta la capacidad de atención y planificación en el estudiante. El sedentarismo también es causa de la obesidad infantil y otras enfermedades.


“La actividad física regular puede ser necesaria para que los niños funcionen con todo su potencial” considera un estudio elaborado por la Universidad de Georgia. La pediatra Catherine Davis, directora del estudio, considera que “se han demostrado los cambios en el cerebro consistentes con una mejora de la función neuronal en respuesta a programas de actividad física”.

El estudio recomienda considerar la actividad física como un contenido académico similar a la matemática y el lenguaje, puesto que su influencia en el aprendizaje permite una mejora en la retención y aplicación de nuevos contenidos. Las actividades físicas, indican los investigadores de la Universidad de Georgia, deben considerarse curriculares, tanto por su incidencia en la mejora intelectual como por sus resultados beneficiosos en la lucha del sedentarismo y la obesidad infantil.
Las principales causas del sedentarismo se asientan en el mayor tiempo que el estudiante pasa ante la televisión, las computadoras y los dispositivos móviles. 

Paulatinamente, la forma de entretenerse de los menores ha mutado de los juegos que aportan movilidad y actividad física hacia aquellos que despiertan en interés tecnológico y visual.


El sedentarismo repercute directamente en el incremento de la obesidad infantil, ya una epidemia en algunos países. Las autoridades médicas combaten activamente el sedentarismo por las complicaciones en la salud de los niños: diabetes, problemas cardíacos y otros efectos que deterioran tanto el crecimiento como la calidad de la vida.

A estas consecuencias, se añade ahora el perjuicio que provoca el sedentarismo en los procesos académicos.

La impulsora del estudio, Catherine Davis, invita “a las autoridades, las escuelas y las comunidades para que sean consciente que el tiempo que se dedica a las actividades físicas supone una mejora en el aprendizaje”.


El estudio propuesto por la universidad de Georgia ha sido publicado en una revista académica estadounidense sobre pediatría. La investigación fue aplicada a niños de entre 6 y 11 años. Entre los resultados más destacados, Davis revela que el rendimiento de los estudiantes que practican actividad física de manera regular es notoriamente más destacado en áreas como la planificación, la atención, el procesamiento sucesivo y simultáneo.


“La actividad física marca una diferencia inclusive entre los niños que 
no padecen cuadros de sobrepeso” concluye Davis.


CAMBIOS SALUDABLES


El sedentarismo y la obesidad han sido catalogadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una epidemia que se debe frenar. En principio, se consideraba que este problema afectaba solo a los países desarrollados. Sin embargo, cada vez es más frecuente detectar esta situación en países en vías de desarrollo.

La familia y la escuela son los núcleos prioritarios para combatir el sedentarismo. Además, y debido a la edad de formación de los estudiantes, está en la escuela la oportunidad de crear hábitos saludables.
“Estos niños están creciendo – valora Davis – si pueden eliminar algunas calorías vacías de su dieta y tomarle el ritmo a la actividad física, podrán crecer dentro de su peso” lo que repercute directamente en si rendimiento académico.

Otros estudios clínicos sugieren que 20 minutos de ejercicio aeróbico por día mejoran el estado físico y combaten el sedentarismo y la obesidad. Son, en resumen, el mejor remedio para reducir el riego de la diabetes y otras enfermedades derivadas.

“Las escuelas podrían implementar programas para incluir 20 minutos de actividad física diaria durante la jornada estudiantil” defiende la investigadora de Georgia. Los beneficios directos de esta iniciativa permitirán reducir los índices de sedentarismo, mejorar la salud física de los jóvenes y elevar el rendimiento escolar.


Fuente: Redacción "Diálogo Educativo"