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Revista Digital de la Fundación Casa Editorial Bienaventuranzas, un proyecto de la Conferencia Episcopal de Bolivia.

martes, 26 de mayo de 2015

Cómo aporta la enseñanza de la materia de Religión en los colegios



La formación religiosa contribuye al crecimiento y maduración de la personalidad de los alumnos. La religión asume como eje formador la orientación de la conducta humana en la búsqueda de la virtud, del bien. Ser bueno no es tan fácil, no dependen de una voluntad individual. La consolidación de valores vivenciales en los jóvenes reclama tiempo y profundidad, apela a un conocimiento del ser humano en sus dimensiones históricas y sociales muy ligado al crecimiento de la humanidad.

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La enseñanza de la religión católica en los centros educativos está perdiendo protagonismo. Tanto a nivel nacional, como en los escenarios internacionales, se considera un privilegio innecesario en la actualidad. ¿Debe un Estado laico y aconfesional suspender la educación de la religión?

Las reformas educativas que ha impulsado el actual gobierno boliviano han promovido la supresión de la enseñanza de religión en el aula. El argumento de la descolonización cultural avala esta medida. Similares actitudes se observan en países vecinos quienes también debaten la retirada de esta asignatura de los planes de estudio. En el bando contrario, la mayoría de los países europeos, salvo Francia y recientemente España, defiende la presencia de la enseñanza religiosa en el sistema educativo.

¿Qué aporta la religión en el proceso de enseñanza?
El objetivo educativo, reconocido unánimemente en las legislaciones nacionales, plantea la formación integral del ser humanos en todas sus dimensiones: intelectual, física y espiritual. Las matemáticas, las ciencias, el lenguaje permiten desarrollar competencias intelectuales en los educandos. A través de la educación física se logra potenciar las cualidades deportivas y de interacción social. Pero, ¿cómo consolidamos la formación espiritual y moral en los jóvenes?

La formación religiosa, plantea Antonio Peña, Catedrático de Historia Moderna y Contemporánea, “contribuye al crecimiento y maduración de la personalidad de los alumnos”. La religión asume como eje formador la orientación de la conducta humana en la búsqueda de la virtud, del bien. Ser bueno, enfatiza Peña, no es tan fácil, no dependen de una voluntad individual. La consolidación de valores vivenciales en los jóvenes reclama tiempo y profundidad, apela a un conocimiento del ser humano en sus dimensiones históricas y sociales muy ligado al crecimiento de la humanidad.

El catedrático Antonio Peña realza la figura de Jesús como el modelo donde los valores sociales deseados se enraízan y manifiestan. Desde su perspectiva de historiador, considera que la falta de valores sólidos ha provocado la crisis moral, económica, social y política actual. Y concluye que la recuperación de sólidos valores como la verdad, la justicia y el bien encuentran en la escuela la tierra fértil para su germinación. 


La educación religiosa en la escuela asume el modelo de vida de Jesús como contenido central. La interiorización de valores de vida para afrontar los entornos de relacionamiento humano encuentran en la experiencia de Jesucristo el ejemplo perfecto. Para la profesora Luz Omeira López esta necesidad educativa “genera cambios positivos en la labor educativa para formar personas de bien para la sociedad”.

La misma Iglesia Católica reconoce que la educación religiosa en los colegios no se debe confundir con la labor catequética de las parroquias. La escuela, como centro formador de un ser humano integral, prioriza la educación de la responsabilidad, la libertad y la sociabilidad como rasgos identificativos del ser humano. El Padre Antonio Cañizares, pedagogo y educador, considera que la educación religiosa potencia “una visión armónica del mundo y de la vida humana”, una formación necesaria para la verdadera convivencia social.

A pesar de estos argumentos, las voces en contra de la enseñanza de religión en los colegios son persistentes. Con frecuencia apelan a la laicidad del Estado como principal razón para suprimir la asignatura de religión de los planes de estudio. Esta eliminación garantizará “el libre y pleno desarrollo de la personalidad humana”, argumentan con firmeza. E incrementan su apuesta al afirmar que la educación católica es una imposición a la sociedad. Como alternativa presentan contenidos temáticos más aconfesionales como historia de las religiones o formación para la civilidad. Estas alternativas llenan un vacío en cuanto a la carga horaria, no así en referencia al aporte real de conocimiento y contenido que se espera de la materia.

El religioso Antonio Cañizares considera que los Estados no deben tomar parte directa por ninguna confesión religiosa. Así se reconoce en sus constituciones, las mismas que avalan el libre culto a sus ciudadanos. La falta de una determinación religiosa por parte del Estado con conlleva la restricción de las manifestaciones religiosas a los ámbitos privados, sino, más bien, la garantía para que la sociedad pueda manifestar, expresar y educar su religiosidad en un contexto de respeto.

La inclusión de la religión en los planes de estudio responde al respaldo que el Estado otorga a sus ciudadanos apoyando y preservando sus creencias. La religión, en la escuela y en la universidad, considera el hecho religioso humano- cristiano de manera racional, intelectual y científico.


La enseñanza religiosa en los centros educativos se desmarca de la labor doctrinal y catequética de las parroquias. La escuela centra su conocimiento en el valora racional y científico. Por ello, la religión  indaga en el factor cultural y la representatividad social que ha adquirido a la largo de la historia. El diálogo fe y cultura involucra a creyentes y no creyentes en el fortalecimiento de principios de vida, de derechos humanos y respeto al medio ambiente.

Los padres, como primeros educadores, determinan el tenor educativo que quieren para sus hijos. La sociedad y el Estado juegan, en este contexto, un papel aliado para la consecución de este sentir educativo.

Es necesario potenciar la enseñanza religiosa para edificar las bases sociales de una comunidad con valores firmes. Más allá de una visión ideológica, la enseñanza religiosa se centra en un derecho social y humano que procura una mejor convivencia humana, al estilo de Jesucristo.



PROYECTO EDUCATIVO CATÓLICO

La educación desempeña un papel muy importante para la Iglesia Católica.  En sus manos se deposita la formación de los seres humanos más influyentes, que, además, serán el impulso de la sociedad del futuro.
La Congregación para la Educación Católica, encabezada por el cardenal polaco Zenon Grocholewski, invita a los fieles para velar por la vigencia de una educación católica de calidad.

En la circular difundida para los responsables de las diversas  Conferencias Episcopales, valora la naturaleza especial de la enseñanza religiosa en la escuela. Reconoce la difícil situación actual que se vive con un debate abierto para reemplazar la educación católica en favor de una enseñanza multiconfesional de la cultura religiosa.

La congregación para la educación católica identifica a “la familia como la primera, pero no la única y exclusiva, comunidad educadora”. El papel de la educación formal y estructurada afronta grandes desafíos propios de la sociedad moderna. En este contexto de cambios permanentes, la misión de la escuela se mantiene constante en pro de la “formación integral de la persona humana”. Como centro  formador, está llamada a armonizar el crecimiento intelectual, físico, moral y espiritual de los estudiantes y convertirlos en jóvenes preparados para participar en la vida social. La escuela se convierte en la “ayuda primordial para los padres en el cumplimiento de su deber de educar”.

La pérdida de esta visión complementaria provocará un obstáculo en la formación completa e integral del ser humano.

El Cardenal Grocholewski reclama el apoyo permanente de la comunidad católica, especialmente del ordinario diocesano, para vigilar la correcta implementación de las propuestas educativas. Como comunidad católica se debe velar para que el espíritu del evangelio impregne el ambiente escolar y fortalezca la vivencia de actitudes tan humanas como la caridad y la libertad.

Juan Pablo II había manifestado con anterioridad que la esencia católica impulsa una educación de calidad, una educación integrada e integradora que destaque por su buen hacer. Los colegios católicos, alentaba el Santo Padre, deben convertirse en modelo educativo para la sociedad.

La enseñanza religiosa no debe confundirse con la catequesis. La escuela, como centro del saber, invita a transmitir los “conocimientos sobre la identidad del cristianismo y de la vida cristiana”. Como conocimiento intrínseco al aprendizaje escolar, la enseñanza religiosa exige el mismo rigor que el resto del programa escolar. Remarca que esta exigencia debe estar acompañada de la seriedad y profundidad con las que se afrontan los demás saberes.

Finalmente, para hacer real esta idea educativa, la Iglesia invita a promover la sintonía entre escuela y familia “con el fin de evitar tensiones o fracturas en el proyecto educativo”. La colaboración entre padres y profesores tiende a ser estrecha. Anima a los padres para que asuman un papel más activo y protagonista en la educación.

También reconoce la libertad religiosa y la tolerancia debida a otros credos, a quienes invita a sumarse a esta propuesta “abierta a todos aquellos que quieran compartir el proyecto educativo inspirado en los principios cristianos”.




Fuente: Redacción "Diálogo Educativo"
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